La tecnología como definición  viene del griego τέχνη (se pronuncia “téchnē”) y quiere decir arte, oficio o destreza. Por lo tanto, la tecnología no es una cosa sino un proceso, una capacidad de transformar o combinar algo ya existente para construir algo nuevo o bien darle otra función. Y esa capacidad de transformación puede ser intuitiva o bien (como sucede en nuestras sociedades actuales) se trata de un saber que proviene directamente del campo de las ciencias.

La tecnología es una respuesta al deseo del hombre de transformar el medio y mejorar su calidad de vida. Incluye conocimientos y técnicas desarrolladas a lo largo del tiempo que se utilizan de manera organizada con el fin de satisfacer alguna necesidad.

Tipos de tecnología

Tecnología limpia y de materiales

Trabajamos con tecnología limpia cuando usamos los recursos que nos proporciona el medio ambiente en su justa medida y sin alterar el contexto de una forma nociva.

Cuando trabajamos con tecnología limpia no usamos factores que puedan contaminar, administramos todos los recursos con eficiencia, usamos sistemas alternativos en cuanto a la aplicación energética y aprovechamos energía eólica, luz solar y otros sistemas similares.

Por su lado, la tecnología de materiales es un grupo amplio que da cabida a las tecnologías físicas o la medicina, entre otras. En este grupo están tecnologías como la electrónica, la nuclear, la química y la electrónica.

Tecnologías blanda y dura

Cuando una tecnología no es tangible, sino que se trata de un tipo más vinculado con la administración, la gestión o la planificación, estamos hablando de un tipo de tecnología blanda. Estos procesos se tienen en cuenta como una parte fundamental en la consecución de un proceso tecnológico en cuanto a desarrollo, aunque estando implicados sin una presencia material.

Totalmente opuesta es la tecnología dura, que viene a ser el grupo de tecnologías técnicas que entran en juego en la producción de materiales y otros elementos.

Tecnología flexible y fija

Las tecnologías fijas no suelen sufrir cambios ni modificaciones salvo en ocasiones específicas, como cuando está disponible una mejora para aumentar su rendimiento. Los cambios constantes quedan al margen, pero también coinciden en que se trata de un tipo de tecnología fija en cuanto a su función. Si bien hay tecnologías que pueden utilizarse en distintas funciones la fija reduce su efectividad a un mismo objetivo. Algunas de estas tecnologías incluyen la de la industria del cemento o la de la siderurgia.

El opuesto son las tecnologías flexibles, un grupo expansible en el cual se combinan tanto materiales, como conocimientos y todo tipo de herramientas de trabajo. Su particularidad es la opuesta a la tecnología fija, dado que su utilidad incluye una variedad amplia en cuanto a los procesos que se pueden usar, con múltiples funciones y utilidades.

Tecnología de operación, equipo y producto

En el primer grupo se incluye la tecnología de operación, que es la que se obtiene a medida que las técnicas y los progresos tecnológicos van evolucionando con el paso del tiempo. Es un híbrido de distintas tecnologías que se crea combinando recursos y conocimientos, así como el uso de distintos dispositivos. Al incluir importantes mejoras ayuda a que tenga un papel clave para los profesionales.

La tecnología de equipo engloba los procedimientos tecnológicos que se aprovechan en distintas industrias de fabricación, investigación o desarrollo. También incluye las herramientas en conjunto, así como los procesos y conocimientos utilizados para realizar trabajos tecnológicos en conjunto.

En último lugar tenemos la tecnología de producto, que combina los conocimientos y las herramientas que unidas pueden permitir la creación de un producto específico. Es un amplio grupo que da unos resultados específicos y que se aprovecha del contexto para llevar a cabo una fabricación tecnológica o un servicio que haga uso de elementos tecnológicos personalizados.